Lo que quería Lolo y lo que acabó siendo

Lo que quería Lolo y lo que acabó siendo

 

“Aparentemente el dolor cambió mi destino de modo radical. Dejé las aulas, colgué mi título, fui reducido a la soledad y el silencio. El periodista que quise ser no ingresó en la Escuela; el pequeño apóstol que soñaba llegar a ser dejó de ir a los barrios; pero mi ideal y mi vocación los tengo ahora delante, con una plenitud que nunca pudiera soñar”.

Así escribe Lolo en “Cartas con la señal de la Cruz”. Y, a partir de esto toda una vida por delante porque ya sabemos que “el hombre propone y Dios dispone”…

Pues bien, el libro citado arriba vio la luz en 1967 y bien podemos decir que Lolo podía haber escrito estas palabras muchos años antes porque desde el inicio de la década de los años 40 del siglo pasado empezó su particular Calvario. Sin embargo, esperó a entonces (o le nació escribirlo en aquel tiempo) porque había comprendido más que bien su sufrimiento. Y bien que lo vemos en sus palabras que son, por decirlo así, de una claridad pasmosa.

 

A cualquier persona le pasa lo que le pasó al Beato Lolo y seguro que sostiene que su vida no es que haya cambiado de modo radical sino que nada tiene que ver con lo que quería de ella. Sin embargo, nuestro hermano en la fe dice que eso puede ser en apariencia y que, por tanto, a lo mejor no ha cambiado tanto la cosa.

Ya hemos dicho en más de una ocasión que Manuel Lozano Garrido quería haber sido periodista, digamos, de escuela. Sin embargo, como él mismo nos dice, y aquí eso de la “apariencia de las cosas”, ha acabado siéndolo. Sin embargo, lo ha sido, era ya entonces y lo sería aún algunos años, no desde la calle, pateando las aceras y yendo en busca de la noticia sino desde un sillón de ruedas y demostrando que, aquí sí, quien quiere puede y puede de verdad.

En realidad, el Beato de Linares acabó siendo un periodista de los de armas tomar porque no había tema que se le resistiera y lo mismo hablaba de minería que de Semana Santa, lo mismo de pintores o poetas que de los sucesos locales y menos locales.

 

El caso es que él mismo se define a la perfección, de lo que podía haber sido (que no son, sino, meras ilusiones que solemos hacernos los seres humanos al respecto de nuestro futuro) ha llegado a lo que es (entonces, era, queremos decir) y, en realidad, nada ha cambiado (salvo la forma de) en sus ilusiones y sus ideales que es lo que nunca debe faltar. Y eso es lo que dice, por ejemplo, en un artículo publicado en el Diario “Jaén” (dos años después de la publicación de “Cartas con la señal de la Cruz”) el 6 de septiembre de 1969 de título “Solo”:

Una habitación será siempre una habitación y sólo eso. En cambio, un hombre puede hacer de ella una cárcel o un paraíso. Basta con la manifestación de sus sentimientos, sus ideales, sus sueños.

Y es que Lolo hizo de la suya un auténtico paraíso donde iban a beber, como la cierva que busca corrientes de agua (que dicen los salmos en el número 41 de estos), muchos que necesitaban saciar sus ansias de eternidad. Y nosotros, ahora mismo, también.

Por: Eleuterio Fernández Guzmán