“Las enfermedades de Lolo y el gozo bien entendido”

Las enfermedades de Lolo y el gozo bien entendido

 

Decir Lolo y poner, a su lado, la palabra sufrimiento, es hacerse eco de algo que sabemos sucedió, le sucedió, a nuestro Beato. Y no exageramos si decimos que fue un gigante de la fe que supo sobrenadar el mismo con una soltura más que memorable.

En un momento determinado de la vida de Lolo, el Hno. Robert de Taizé visitó a Lolo. Y es más que conocido que, una vez lo vio y comprobó en persona lo que, seguramente, le habían dicho otras bocas y corazones, lo definió como “Lolo, sacramento del dolor”.

Esto, en realidad, nos dice mucho acerca de nuestro hermano en la fe católica y nos muestra que hubo quien, también, se dio cuenta de ante quien se encontraba cuando lo visitó.

Manuel Lozano Garrido, apenas tenía algo más de veinte años, empezó su particular Calvario que lo llevó hasta la mismísima muerte menos de treinta años después, en 1971, un 3 de noviembre, ciego (9 años), además de inválido, como se define él mismo en cuanto a su profesión.

Es obvio, por tanto, que Lolo sufrió y mucho que sufrió y no podemos poner paños calientes sobre esto. Y es que en sus libros, sobre todo los que podemos considerar diarios (El sillón de ruedas, Mesa redonda con Dios, etc.) muestra más bien que mal cómo lo pasa. Primero, que sufre y, luego, que no es que fuera masoquista sino que buscaba solución material a su sufrimiento y son muchas las ocasiones en las que queda por escrito la visita del médico, del practicante o, en fin, de cualquier persona que pudiera aliviar en algo su situación física.



Sin embargo, estaba lo otro. Y lo otro es el alma, su alma, su espíritu.

Lolo, como decimos, tiene un alma fuerte. La fortaleza de esta tiene todo que ver con su fe, fuerte y con toda posibilidad de poner en verdad la esperanza de la que nunca se separa. Lolo es, por decirlo así, una esperanza en acto donde toda potencia (la posibilidad de que sea) no entra nunca entre sus posibilidades de vida.

Lo que podemos decir, sin temor a equivocarnos, es que ante su sufrimiento él opone la Verdad y con la Verdad es capaz de caminar (es un decir, como podemos imaginar, esto) porque nada puede haber que se enfrente a Dios si se cree, como es el caso, que siendo hijo suyo siempre esté a su lado Quien lo ha creado y mantiene.

Se ha dicho que Lolo es un “singularísimo crucificado en un sillón de ruedas”. Y tal crucifixión la lleva nuestro hermano con una donosura y una altura espiritual tan grande que nos sirve de ejemplo ante lo que nosotros podamos pasar si es que, acaso, lo pasamos tan mal como lo pudo pasar Lolo mientras sufría físicamente pero gozaba espiritualmente sabiendo llevarlo todo más bien y siendo un maestro del dolor protegido por el amor a Dios que tenía.

Manuel Lozano Garrido, Beato por voluntad de Dios y consentimiento de quien sufre por su parte, no es que sufriera como quien no sufre sino que sufrió sabiendo, perfectamente, que su sufrimiento podía ofrecerlo a Dios y, entonces, con un testigo tan crucial del mismo como es el Creador, decir a los cuatro vientos del mundo que sí, que su sufrir podía ser causa de bendición. Y así vivió, se movió y existió.

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán