“Hacer extraordinario lo ordinario”

Hacer extraordinario lo ordinario

Bien sabemos, cada cual por experiencia propia, que hay cosas de las que llaman extraordinarias que para nosotros son, eso, extraordinarias, y las dejamos para aquellas personas que sean capaces de llevarlas a cabo.

Nuestro hermano Manuel, beato Lolo, fue capaz (seguramente sin proponérselo y sólo haciéndolo) de convertir algo que, en sí mismo, es ordinario, en lo que supone algo total y exactamente extraordinario o, lo que es lo mismo, que se sale de lo normal, por increíble que parezca.

Desde que Lozano Garrido empezó a sufrir dolores allá por los primeros años 40 del siglo pasado, tuvo que pasar por un verdadero calvario (no lo ponemos en mayúscula por razones obvias) en el que, poco a poco, se le fueron presentando las estaciones cual Via Crucis. Por eso Lolo no pudo más que seguir adelante cumpliendo con las mismas y haciendo, de cada una de ellas, un ejemplo de hasta dónde nos puede hacer llegar la fe y la confianza en Dios Todopoderoso, en su Madre, María y en su Hijo, Jesucristo.

No podemos negar que Lolo las pasó canutas, dicho esto con el mayor de los respetos. Y es que fueron muchos los malos momentos en los que se vio atrapado por la enfermedad, el sufrimiento o el dolor, o al revés.

Y es que, en realidad, el Beato linarense,

-Del simple hecho de levantarse de la cama o acostarse en ella, algo lo más de ordinario, Lolo consiguió lo extraordinario de llevarlo a cabo superando el terrible sufrimiento que eso le producía, según dice él mismo.

-De lo ordinario que tiene que ver con la ingesta de comida, algo la mar de ordinario y necesario, Lolo consiguió lo extraordinario de alimentarse a base de tener más paciencia que el santo Job por las dificultades físicas que le sucedían.

-De lo ordinario de escribir de su puño y letra, algo, como decimos, la mar de ordinario, Lolo tuvo que ir dejando, por imposibilidad, primero una mano…, luego otra y, al fin, se vio obligado a dictar lo que quería escribir, terminando de rizar el rizo la ceguera que sufrió los últimos 9 años de su vida en los que no dejó ¡de trabajar en la escritura!, como podemos suponer, con más que ayuda ajena…

Podemos ver que Manuel Lozano Garrido, Lolo para todos sus amigos, es un ejemplo de perseverancia y de ser capaz de convertir lo ordinario en extraordinario.

A nosotros, podemos decir, nos produce una gran impresión ver como una persona como Lolo es capaz, de forma inverosímil, de sobreponerse a todos los sufrimientos que le acechan y perjudican y hacer como si todo fuera lo más ordinario del mundo cuando, en realidad, es algo que muestra que, cuando se tiene fe, puede parecer todo extraordinario cuando no es más (ni menos) que la respuesta de quien cree a su Padre del Cielo.

Ciertamente, además del título de Beato bien podríamos darle el de SuperLolo porque, en este tipo de materias, era Súper y más que Súper.

Eleuterio Fernández Guzmán