Lolo: Una forma muy extraña de estar enfermo

Lolo - Una forma muy rara de estar enfermo

Una forma muy extraña de estar enfermo

 

En realidad, no hay más que bucear por los libros de Lolo para ver hasta qué punto lo pasó mal, físicamente hablando, a lo largo de los años que estuvo enfermo. Y, en realidad, nos basta uno de ellos para esto.

Vean, vean ustedes, a modo de ejemplo, tres “perlas” (porque lo son pues asemejan a un tesoro que, al encontrarlo, todo debemos vender para comprarlo. Y sí, ya sabemos que no siempre se va a hacer así…):

  1. Un día es la cansera, otro el hígado, el siguiente es la alergia; poquito a poco, dosificados, los voy despachando con cierta holgura” (Dios habla todos los días, primera edición, 1961, p. 48)
  2. Hoy hemos hecho una prueba. Me tocaba Lucy en distintas partes del cuerpo y en todos sitios sentía la necesidad de una raspadura.” (Dios habla todos los días, ídem anterior , p. 103)
  3. El pecho sobre todo, desde hace no sé cuántos años, se viene cerrando inexorablemente por la torpeza muscular. Es como un cilindro de hierro, que cada vez apura un tanto más su cerco. Por eso, cuando el estornudo pasa y forcejea, mi leve tórax rechina como docenas de bisagras mohosas, hasta guillotinar los estornudos. Los costados son las pobres víctimas de esta operación de castigo.” (Dios habla todos los días, ídem anterior, p. 195)

 

Y esto son sólo tres ejemplos de uno de sus libros publicados porque, en realidad, podríamos aportar muchas decenas de situaciones en las que se muestra muy bien el sufrimiento físico que lo atenazó desde que empezara su particular Calvario.

¿Qué es lo que hacía que Lolo pudiese, no sólo, sobrevivir a sus dolencias sino, además, ser una persona tan fructífera?

Fe

Esperanza

+ Fe

+ Esperanza

++ Fe

+++ Esperanza

No. Esto no es nada que se deba adivinar como si se tratase de una simple adivinanza. Nada de eso hay aquí sino, justamente, al contrario: todo se puede adivinar por sí mismo, sin invitaciones a la imaginación ni nada por el estilo o, como diría Santa Teresa de Jesús, sin darle posibilidades “a la loca de la casa”.

Esto lo decimos porque, si lo pensamos detenidamente, la forma que tenía Lolo de estar enfermo era más que extraña y sui generis. Y es sui generis porque su sufrimiento era algo distinto, en esencia y desde su misma raíz, a lo que podría ser el de cualquiera. Es más, sin temor a equivocarnos, podemos decir que de sufrir sólo una parte de sus sufrimientos, más de uno habríamos tirado la toalla más bien pronto.

En realidad, lo que apuntala la reacción del Beato Lolo ante la enfermedad es su fe profunda que no lo deja ni de noche (muchas se las pasa en vela, como dice él mismo) ni de día, tiempo en el cual ya podemos imaginar su particular lucha contra el dolor para poder llevar a cabo una labor tan generosa y martirial.

 

Lolo, en verdad y francamente lo decimos, era un grande, un verdadero gigante de la fe. Y lo que aquí hemos traído hoy lo demuestra a la perfección.

Eleuterio Fernández Guzmán

 

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