“Lolo”, un santo de nuestro tiempo: Los primeros años de su vida

“LOLO” UN SANTO DE NUESTRO TIEMPO

Capítulo 1:

Fue el 9 de Agosto de hace ya cien años. En la casa de su abuelo, en la plaza del Ayuntamiento de Linares, a las cinco de la tarde, nace Manuel Román de la Santísima Trinidad, de la Sagrada Familia y de todos los santos, los que lo queríamos lo llamábamos “Lolo”. Un mes más tarde lo bautizaron en la que siempre fue su parroquia, “su casa”, la hoy basílica de Santa María de Linares..

Por el fallecimiento de su padre, “Lolo” recibe su primera comunión con 9 años (el luto tenía estas consecuencias en aquellos años), y con 11 ingresa en la Acción Católica (Linares fue el segundo centro después de Madrid). Y es en esta época cuando conoce, al hoy santo, Pedro Poveda que era muy amigo del abuelo de “Lolo”, al que, cuando venía a ver a sus familiares, solía visitar. ¡ Cómo se interesó Pedro Poveda por las actividades de “Lolo” en la Acción Católica !

“Lolo” inició sus estudios en “los Escolapios” y su vida comienza a ser dramática cuando en Enero del año 1.935 fallece su abuelo, que era el sostén de la familia y en Junio su madre. Los siete hermanos se quedan solos y tienen que malvender lo que tenían para sobrevivir.

El año 1.936 su hermano mayor, que había terminado la carrera de Perito Industrial, se coloca en Madrid y allí lo asesinan cuando trató de ayudar a un paisano que se abrazó a él cuando unos milicianos quisieron prenderlo, (pocos días antes, en Linares, habían matado al Presidente, al Consiliario y a varios jóvenes de la Acción Católica local).



Pero, a  pesar del peligro, “Lolo” sigue asistiendo a cataquesis clandestinas y a él le piden que lleve la Sagrada Comunión a quienes lo pidan ( en su casa había un Sagrario permanente) “ Por qué a mí el privilegio y no a otros” escribiría “Lolo” años más tarde:

Por una denuncia lo encarcelan con dos de sus hermanas en Marzo del 1.938 y cuando le hacen “la ficha” él se declara “católico, apostólico” . En la cárcel está tres meses pendiente de un juicio, del que se libra porque lo mandaron al frente de guerra de la Alpujarra. Un amigo que estuvo con él allí, nos dice que “todas las noches se retiraba a rezar sin importarle que lo vieran”. Confesando de esta forma su fe, surge desde lo más profundo de su ser, un deseo y una súplica, el martirio como prueba suprema de su amor a Dios. Él mismo lo escribe en uno de sus libros. “Por entonces más de un amigo supo respaldar, ante un paredón, la maravillosa entrega de sus años jóvenes. Mientras los abatía una descarga fulminante, yo acariciaba secretamente la palabra mártir”. Pero Dios no le tenía reservado un martirio espectacular e instantáneo, sino otro mucho más anónimo, prolongado y doloroso.

Allí, en el frente, se le manifestaron los primeros síntomas de su enfermedad y por eso, lo mandan al Hospital de Linares para su rehabilitación. Aquí le sorprende el final de la guerra. Lolo tenía 19 años e inmediatamente reanuda sus estudios y se incorpora como Secretario y Vocal de Propaganda de la Acción Católica y es, es esas fechas, cuando se inicia mi “relación con Lolo” ( mi padre, que era el tesorero de la Acción Católica local, nada más nacer yo, me inscribe como miembro y mi carnet ,que aún conservo, está firmado por “Lolo” como Secretario).

“Lolo” termina el bachillerato y un año después obtiene el título de Maestro Nacional. Es en esta época cuando “Lolo” escribe sus primeros artículos en la revista Cruzada, de la Acción Católica local.

 

En Enero de 1.942 “Lolo” tiene que hacer el Servicio Militar, lo mandan a Madrid y lo primero que hace en el cuartel es formar un grupo de catequesis ( él lo llamaba Acción Católica Castrense). Eso no le gustó a uno de sus mandos que,  poco después, cuando cayó una gran nevada, mandó a “Lolo” a quitar nieve de las calles sin dejar que se pusiera las botas (fue con alpargatas). Cuando , ya de noche, vuelve al cuartel, no puede andar y tienen que ingresarlo en el hospital con fortísimos dolores. Desde aquel día. “Lolo” nunca pudo andar.

Un año después lo licencian y, en Linares, su habitación se convierte en su Getsemaní de aceptación madurada en intensas horas de oración y en su Gólgota de entrega total.

“Lolo” y sus hermanos, sabían quienes los habían delatado para meterlos en prisión, y quienes habían matado al hermano, pero nunca dieron los nombres de los culpables. Todos los hermanos sabían que un cristiano siempre tiene que perdonar.

José Utrera Infantes