Lolo: Dedicación a los demás y ayuda al prójimo

Los perfiles de Lolo. 4- Dedicación a los demás, ayuda al prójimo

 

En “Las golondrinas nunca saben la hora”, en concreto en la página 274 de la edición de 1967, dice Lolo esto que sigue que es la base exacta del perfil que hemos numerado como el cuarto de esta serie:

“Mi sed es de Ti, ¿por qué has de darte siempre en cuenta gotas? ¡Dame más, Señor! ¡Lléname como un aljibe, y casi en seguida, me dejas vacío, para que o goce además del júbilo de sentir cómo te viertes! Tengo ganas de que se termine la sed, pero también quiero que nunca se acabe, porque la sed es una hermosa esperanza y nuestra pequeña esperanza se redime en su propia espera y su dolor”.

Podemos decir que en estas palabras, Manuel Lozano Garrido pone sobre la mesa la intención de su vida que no es otra que, eso, dejar que, a través de sí, el agua de la vida eterna que es el Señor, llegue a los demás mediando su esfuerzo, dolor y sufrimiento.

Es bien cierto que Lolo no era persona rácana a la hora de entregarse a los demás. Es decir, no era cicatero ni se guardaba nada para su corazón en el sentido de para sí mismo. Y ya desde que era joven y formó parte de Acción Católica, su apostado era, simplemente, infatigable que sería algo así como querer llevar su fe a todo aquel que quisiera escucharlo no fuera a suceder que alguna vez no pudiera… como, con el paso del tiempo, fue lo que sucedió.

Pero es que, a medida que su enfermedad se le fue manifestando y fue clavándolo entre el espacio de su sillón de ruedas o postrándolo en la cama cuando eso tuviera que ser, nuestro hermano en la fe no se arredró ante nada y no quiso, primero, ser un lastre para nadie y, luego, que su labor espiritual con el prójimo decayera lo más mínimo. Y es que ya hemos dicho en esta casa en otras ocasiones que los jóvenes acudían a Lolo como quien se acerca a un verdadero seguro de vida espiritual y le preguntaban aquello que fuera cuita, dolor o simplemente curiosidad. Y lo mismo podemos decir de otras personas que no eran, de por sí, jóvenes sino entradas en edad pues muchas eran las situaciones por las que podían pasar y nada mejor que acudir al corazón siempre dispuesto de un vecino tan especial como Manuel, el hermano de Lucy.

Pero lo más curioso de todo es que la situación de Lolo era ya suficiente peliaguda como para que fuera él el necesitado pues es más que conocida su situación física por la que pasó gran parte de su vida. Sin embargo, diera la impresión de que Lolo andaba por su casa con toda normalidad y que acudir allí no era más que ir de visita a un amigo con el que se podía salir a pasear como si nada. Y  bien sabemos que no era así la cosa sino que dio a entender, con su entera existencia, que allí estaba para lo fuese y dispuesto a todo lo que se le pidiera. Y es que, en realidad, por paradoja de Dios, Lolo era un gigante… de la fe.

Eleuterio Fernández Guzmán