La mañana del Domingo de Resurrección en Linares se vivió con intensidad con la salida, a las diez en punto, de la Hermandad de la Resurrección desde la parroquia de Santa Bárbara. Puntual, la cofradía inició su recorrido abriéndose paso por las calles de la ciudad ante la mirada expectante de numerosos fieles que se congregaron desde primeras horas para presenciar uno de los momentos más significativos de la Semana Santa linarense.
El cortejo avanzó pasando por San Pedro y la plaza de San Leonardo, continuando por Santo Tomás y la carretera de Baños. A su llegada al parque de Bomberos, en torno a las once de la mañana, se realizó la tradicional petalada desde las grúas. Minutos después, la comitiva atravesó Canalejas y la corredera de San Marcos.
El paso de Nuestro Señor Jesucristo en el misterio de su gloriosa Resurrección, obra de Víctor de los Ríos, avanzó con la fuerza de sus costaleros, acompañado por la Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús de la Pasión de Linares. Tras él, Nuestra Madre y Señora del Amor Hermoso en su Inmaculada Concepción, también tallada por el mismo autor y restaurada posteriormente, recorrió las calles envuelta en los sones de la Banda de Música Nuestra Señora del Rosario de Sanlúcar la Mayor.
A las doce y cuarto, la hermandad alcanzó la carrera oficial, uno de los puntos clave de la jornada, donde el público se agolpó para contemplar el paso de las imágenes en un ambiente de celebración contenida. El itinerario prosiguió por República Argentina, Espartero, Julio Burell y La Virgen, continuando por Carolina, Martínez de la Rosa y La Cruz hasta llegar a la fuente del Pisar.
En la recta final, ya entrada la tarde, el cortejo afrontó su paso por Tarantos y la cuesta de San Pedro, completando así un recorrido que combinó fervor, tradición y devoción popular. Finalmente, la hermandad realizó su entrada al templo, poniendo fin a una procesión que volvió a demostrar el arraigo de esta celebración en Linares.
La jornada dejó estampas de gran belleza y momentos de profunda emoción, reafirmando el significado del Domingo de Resurrección como cierre luminoso de la Semana Santa y como expresión viva de la fe de toda una ciudad.
