Linarenses de renombre: San Pedro Poveda

Pedro Poveda

Linarenses de renombre: San Pedro Poveda

“Para conseguir las virtudes, plantarlas y hacerlas fructificar, es necesario trabajo continuo, vigilancia exquisita y no pocos desvelos”

Vivir como los primeros cristianos, San Pedro Poveda

Queremos empezar esta pequeña serie de Linarenses con una persona que es, en el más exacto sentido de la palabra, santo: Pedro Poveda Castroverde.

El 4 de mayo de 2003, y en Madrid, el Papa Juan Pablo II (ahora santo de la Iglesia católica) canonizó al Jesuita José María Río, a las religiosas Genoveva Torres, Ángeles de la Cruz, María Maravillas de Jesús y, por fin, a Pedro Poveda Castroverde, a la sazón hijo de Linares.

El caso es que el ya santo había sido beatificado el 10 de octubre de 1993 en Roma, pues su morir mártir (falleció el 28 de julio de 1936 en el desarrollo de la persecución religiosa del siglo XX en España) le conseguía no tener que pasar, por decirlo así, por los estadios espirituales de Siervo de Dios y Venerable. Había nacido, como decimos arriba, en Linares, el 3 de diciembre de 1874 y recibido los nombres de Pedro José Luis Francisco Javier que, por decirlo pronto, no es poca cosa…

Cuando se cumplieron 100 años de su nacimiento recibió una calificación de parte de la UNESCO que definía muy bien su vida y obra: humanista y pedagogo. Así fue definido quien tuvo no pocos cambios de lugar para llevar a cabo sus estudios. Así, por ejemplo, estudió el Bachillerato en el Instituto de Linares, en 1886 y, tres años después entró en el Seminario Diocesano de Jaén (corría, pues, el año 1889) y sería en 1893 cuando termina sus estudios de Bachillerato en el Instituto de Baeza (Jaén).

No terminaría aún su periplo estudiantil porque al poco tiempo se trasladó al Seminario de Guadix (Granada) donde don Maximiliano Fernández del Rincón, familiar suyo, ejercía de Obispo de tal Diócesis.

Por fin, en aquel Seminario terminaría sus estudios sacerdotales y fue ordenado presbítero el 17 de abril del año 1897, por lo que tenía 23 años quien había nacido en la ciudad jienense de Linares. Poco después, sólo cuatro días, celebró su primera misa.

El P. Poveda tuvo una vida sacerdotal de todo menos poco interesante. Y es que en el Seminario de Guadix estuvieron a su cargo (hasta 1905 cuando tuvo que ausentarse de la ciudad por ciertas desavenencias acerca de su labor educativa…), de forma sucesiva, las Cátedras de Física y Química, Ética e Hª de la Filosofía, Lógica, Patrología y Oratoria y, por fin, las de Lugares Teológicos y Lengua Hebrea.

Por otra parte, corría el año 1901 cuando fue nombrado, en el mes de abril del mismo, Prelado Doméstico por Su Santidad León XIII y, en 1906 (después de su salida de Guadix que hemos citado arriba) canónigo de la Iglesia Colegial de Covadonga, en Asturias. Y fue allí mismo, en tierra asturiana, donde el P. Poveda empezó a abrir las Academias (1911) que serían el origen de su magna obra la asociación laical “Institución Teresiana” que fue a lo que dedicó, entre otras cosas, el resto de su vida hasta que se la quitaron en 1936.

El caso es que en 1913 vuelve a su Provincia de Jaén al ser nombrado canónigo de su Catedral. Allí mismo fue profesor de Religión en las Normales, tanto masculina como femenina, y de Física en el Seminario de tal Diócesis y en 1914 se le nombró para ocupar el cargo de Vocal de la Junta Provincial de Beneficencia y Protección de la Infancia.

De todas formas, aún no había terminado su recorrido por tierras de España porque el 18 de enero de 1921 fue nombrado Capellán de Número de la Real Capilla y allí, en Madrid, permanecería hasta el fatídico 28 de julio de aquel año en el que comenzó la Guerra Civil española.

Podemos decir que el título de Humanista y Pedagogo lo tenía bien ganado quien sería Santo de la Iglesia CatólicaLo segundo quedó más que demostrado en toda su labor de enseñanza y fundación de la Institución Teresiana así como la apertura de Residencias Universitarias no sólo en Madrid sino en las provincias que, por aquel entonces, contaban con Universidad; sobre lo primero, lo bien cierto es que el humanismo del P. Poveda lo es, como es de esperar, puramente cristiano. Así, se diferencia de aquellos otros (como el libertario, el marxista…) que se opone claramente al que defendía nuestro santo por no tener sus raíces ancladas en la Roca firme que es Cristo.

Dice, a este respecto, doña M.ª Dolores Gómez Molleda (Salamanca, 2016) que “Lo cierto es que al cabo de unos cuantos años Pedro Poveda humanista y pedagogo vio granar a su alrededor un escogido grupo de maestros, de profesores… comprometidos con sus ideales de renovación educativa, una minoría generosamente entregada a la tarea educadora y orgullosa de ello.

Dio, pues, abundante fruto de aquella labor que había iniciado apenas unos cuantos años antes y que, dado lo que hoy día se denomina “empatía” llevada al extremo, le hizo pronunciar algo que, dados los tiempos que corrían por aquel entonces, lo definen perfectamente:

Dejad que sea cada cual según es (…) ¿por qué has de pensar que el prójimo por no ser como tú, no es cual debe ser?”

Nosotros, de todas formas, creemos firmemente que San Pedro Poveda fue un hombre que se entregó a Dios y a los hombres hasta cuando pudo y eso, sin duda, le honra más que otra cosa.

Eleuterio Fernández Guzmán