La visita de Lolo a Lourdes

Lolo en Lourdes

Como bien sabe cualquiera, la visita al Santuario de la Virgen de Lourdes tiene sus hondas raíces en la enfermedad y el sufrimiento. Por eso no es de extrañar que nuestro Beato Lolo también acudiera ante la Santísima Virgen. Y que lo hiciera a pedir, también era de esperar. Lo que pasa es que Lolo, en esto, también era especial..

Corría el mes de mayo de 1958 cuando Manuel y Lucy, enfermera y todo lo que queramos poner a su favor y entrega, de nuestro hermano en la fe, se embarcan en el tren que los iba a llevar a Francia. Tenían que hacer una visita a quien es, sobre todo, Madre de los que sufren…

Y todo nos lo narra más que bien en la revista Cruzada, en su número de mayo de aquel año pues, además de enfermo era un verdadero enviado del órgano de comunicación de la juventud de Acción Católica de Linares que lleva este nombre tan bien puesto de “Cruzada”.

El subtítulo dice mucho del sentido que Lolo le dio al viaje: “Tres días viviendo el milagro” pues, seguramente, Lolo, quería conocer cuál era el sufrimiento que se acercaba a Lourdes. Y, cuando se le pregunta si ha pedido por su curación, dice que “Lo hice entonces, porque hubiera sido egoísta sustraerse a tanto dolor en los que me rodean”.

Todo aquel viaje fue una verdadera bendición para Manuel. Por eso, cuando su hermana Lucy lo deja junto a la imagen de la Virgen, y viendo que Lolo (por la posición de su cabeza) no podía ver a la Madre de Dios, le deja un espejo para que pueda verla. Y, bien, cuando vuelve Lucy se da cuenta de que el espejo, en el que su hermano ha estado viendo a la Virgen, está lleno de lágrimas porque, como dice él mismo, “Si ahora escribo es porque también de Lourdes hay que hacerlo con lágrimas y creo que allí, en la explanada del Rosario y bajo el rosal de la Gruta, quedaron las mías en abundancia”.

Ciertamente, este viaje de Lolo a Lourdes supone para él un verdadero descubrimiento espiritual. Y es que cuando se dio cuenta de la situación en la que se encontraban otras personas seguramente llegó a creer que la suya no era para tanto y aquello le impactó de tal forma que llegó a pensar que, incluso, había pasado (cuando pasó tal noche) una noche oscura. Y estamos más que seguros que eso le marcó, en cuanto a saber soportar sus sufrimientos, más de lo que pudiéramos pensar.

Lolo conoce a muchos que están enfermos: Antonio, el joven de 18 años con poliomielitis, Sebastián, el retrasado que luego reflejara en alguno de sus libros, etc. Y es que en aquel viaje no era la esperanza, precisamente, lo que se había perdido sino que, al contrario, todo allí se sumía en ella. Por eso titula el artículo “Aquí Lourdes: la fe, la caridad y la esperanza tienen su capital: LOURDES.”

“¡Qué fe, Dios mío!”, dicen los hermanos de Lolo que han ido a la estación de Atocha (en Madrid) para despedirlo, al ver la situación en la que iban aquellos enfermos.

Y es que era, eso, la fe, la que los movía. Como a Lolo.

Eleuterio Fernández Guzmán