La vida de Alberto López Poveda, un linarense al servicio de los demás

Fotografía: Enrique Alonso

 

Alberto López Poveda

 “Ha sido toda una vida al servicio de los demás, de los ciudadanos y de las personas que lo han rodeado. No es un tópico, en este caso, decir que fue un ejemplo para todo y para todos, por su humanidad, que era su principal característica”

 

No puedo negar, porque sería mentir, que documentarse sobre la vida de don Alberto López Poveda ha sido difícil. A lo mejor es porque llevó una vida humilde a pesar de lo que, en realidad, fue el ser de este linarense universal muy amigo de otro, don Andrés Segovia.

El caso es que las más noticias son las de su fallecimiento. Sí. Seguramente esto parecerá extraño pero es con lo que hemos podido hacernos para tratar de fijar, en escrito, el ser de una persona que dedicó su vida, sobre todo, a su amado pueblo, Linares.

Eso sí, son todas loando a don Alberto y es que, además, tuvo mucha relación con los Amigos de Lolo y eso, digamos, son ya palabras mayores… Y ejemplo de esto que decimos son las palabras que hemos traído aquí para encabezar este artículo donde se dice, con toda claridad, que Alberto López Poveda, además de un verdadero caballero  (como hemos leído muchas veces) era alguien que tenía muy en cuenta a su prójimo.

Este hijo predilecto de Linares había nacido en 1915 y, según hemos podido constatar, la dedicación profesional fue, en un principio, la que lo ligaba a la antigua fábrica de aluminio. Y no podemos decir que no fuera fructífera su relación con la misma pues allí entró como aprendiz cuando contaba con, tan solo, 15 años para terminar siendo su director.

Este hombre se caracterizó, a lo largo de su vida, por un amor nunca desmedido sino medido y más que medido en su corazón (que, creemos, lo ocupaba todo) por su Linares. Por eso todo lo que de él podemos decir tiene relación con su pueblo.

Así, por ejemplo, participó en publicaciones como “Oretania” y “Linares” donde, esta última también escribió su amigo Manuel Lozano Garrido.

Don Alberto también manifestó un amor fuera de toda duda acerca de las Hermandades y Cofradías de Linares. Y por eso llegó a ser  Presidente de tal Agrupación en el período 1961-1963. Y sobre eso queda una huella que será imborrable pues gracias, también, a la generosidad de él mismo y de su esposa, doña Paquita Viñau, se dotó de la imagen del Cristo de la Penitencia pues era su voluntad que presidiera el rezo del Santo Rosario que cada año organizaba la citada Agrupación.

También, relacionado esta especial dedicación, fue hermano mayor de la Cofradía de la Virgen de Linarejos nada más apropiado para un linarense como don Alberto.

Por otra parte, dada la amistad que le unía con Andrés Segovia, además de ser su biógrafo y de escribir “Andrés Segovia: síntesis biográfica” (a la sazón obra publicada en 1986) fue precursor del Museo dedicado al guitarrista linarense y, consecuencia (y como era de esperar dada su relación) fue Presidente dela Fundación Casa-Museo dedicada, como decimos, a Segovia.

Don Alberto López Poveda forma parte, a lo largo de su larga vida, de numerosos colectivos benéficos e, incluso, ocupó una concejalía en el Ayuntamiento de Linares en la década de los 40 del siglo pasado, el XX.

Claro está que lo tenía pasar, acabó pasando. Y es que en el año 2013, muchos decenios de entrega después de la misma se verificara en cada una de sus acciones, fue nombrado hijo predilecto de Linares y, además, Consejero de honor del Centro de Estudios Linarenses pues ya podemos imaginar que por aquel entonces, dos años antes de su fallecimiento, el “honor” era más que merecido por su parte.

Antes de esto, de todas formas, recibió, de parte del Diario “Jaén” el premio “Jiennense del Año” en la categoría de “Valores humanos”. Y corría por entonces, el año 2002.

Pero no acaba ahí la cosa porque diez años antes (1992) recibió el Primer Premio Local de Cultura al cual era acreedor por toda la labor que, en tal ámbito había llevado a cabo en favor de Linares y sus muchas realidades culturales.

Debemos decir, de todas formas, que estamos casi seguros de que se nos escapan muchas y más cosas de Alberto López Poveda, caballero linarense de los que dan fama justa y merecida a un lugar, que engrandecen la memoria del mismo y que lo mantienen en el mapa de la humanidad que respira, se levanta cada día y vive de su ser íntimo; de su Linares, por así decirlo.

Por otra parte, eran las 7,30 horas del día 17 de julio de 2015 cuando don Alberto López Poveda fue llamado al Tribunal de Dios.

Y nosotros queremos y ansiamos que saliera victorioso del mismo y ahora esté, desde aquel mismo instante, junto a otro linarense de renombre llamado Manuel Lozano Garrido al que cinco años antes subió a los altares como Beato de la Iglesia católica y de cuya Asociación de Amigos fue Presidente habiendo trabajado intensamente para que se alcanzara un reconocimiento tan merecido.

Y miren lo que les decimos: estamos seguros de que Dios eso quiso.

Como era de esperar, su féretro lo albergó la Casa-Museo Andrés Segovia, por haber sido un gran amigo del universal guitarrista además de su biógrafo, como hemos dicho arriba, lo segundo consecuencia de lo primero.

De todas formas, nosotros creemos, según hemos podido ver, que don Alberto López Poveda fue, en todo caso, un hombre-todo-cultura, si se admite tal expresión. Y eso, se diga lo que se diga, se hace la mar de bien si se dedica la atención al pueblo de uno como hizo don Alberto con amor, con gozo y desde el fondo de su alma.

Quizá, nos quedamos con esto que dijo el entonces Alcalde Linares, a la sazón don Juan Fernández:

Ha muerto el último caballero que quedaba en esta sociedad, un ejemplo de entrega y generosidad. Don Alberto ha dedicado toda su vida al servicio de los demás, de su gente, de las personas que lo han rodeado. Es un ejemplo para todos en cuanto a humanidad

Y es que cuando lo que se loa es la forma de ser y actuar de don Alberto nada es mucho sino, al contrario, seguramente poco.

Gracias, por tanto, don Alberto López Poveda, por su forma de ser, por su entrega y por su legado que estará ahí para siempre.

Eleuterio Fernández Guzmán