Linares volvió a contener la respiración en la tarde del Jueves Santo cuando, a las 17:30, la Hermandad del Prendimiento abrió las puertas de la parroquia de San Agustín. Con paso firme y solemne, la cofradía inició su estación de penitencia en una jornada marcada por la intensidad de sus escenas y la profunda carga simbólica de su mensaje.
Nuestro Señor Jesucristo en su Prendimiento, acompañado por un imponente misterio de 48 costaleros, irrumpió en las calles recreando el instante de la traición. La escena, cargada de dramatismo, fue acompañada por los sones de su Banda de Cornetas y Tambores, que marcaban el pulso de un cortejo que avanzaba entre el silencio y la expectación. Tras Él, Nuestra Señora del Rosario en sus Misterios Dolorosos, portada por 35 costaleros, aportó el contrapunto de dulzura y dolor, envuelta en la elegancia musical de la Asociación Cultural “Lázaro Rueda”.
El discurrir por calles como Julio Burell, Calderón o La Virgen fue tejiendo una atmósfera única, donde cada rincón se transformaba en escenario de recogimiento. A las 18:50, la hermandad alcanzó la Carrera Oficial, uno de los momentos más esperados, donde la sobriedad del cortejo se vio arropada por la mirada atenta de cientos de linarenses.
Pero la noche aún guardaba uno de sus instantes más sobrecogedores. A las 21:00, en la Plaza del Ayuntamiento, tuvo lugar la lectura de la sentencia, un acto que detuvo el tiempo y sumió a los presentes en un silencio denso, casi tangible, recordando el peso de la condena y el inicio del sacrificio.
Este año se han culminado los respiraderos del paso de palio y se han realizado seis varas de mando, además de restaurar las potencias de salida del Señor y hacer nuevos hábitos penitenciales.
El recorrido continuó entre marchas, cirios y miradas emocionadas, atravesando enclaves como Corredera de San Marcos o Hernán Cortés, mientras la ciudad acompañaba con respeto el avance de la hermandad. Finalmente, a las 22:20, el Prendimiento regresó a su templo, cerrando una estación de penitencia que dejó estampas imborrables y reafirmó su lugar como uno de los momentos más intensos del Jueves Santo en Linares.
