La Parroquia de San José Obrero volvió a ser el epicentro de la sobriedad. La Hermandad y Cofradía de Nazarenos de las Siete Palabras (Estudiantes), fundada en 1944, completó una nueva estación de penitencia que reafirmó su lugar como uno de los referentes devocionales de la ciudad. Sus 400 hermanos acompañaron con rigor un cortejo que este año destacó por sus significativos estrenos y su impecable sello artístico.
El silencio se hizo presente cuando el Santísimo Cristo de la Buena Muerte, la majestuosa obra de Luis Álvarez Duarte (2011), cruzó el dintel del templo sobre los hombros de sus 39 costaleros. Sus pasos fueron guiados por la sobria melodía de la Banda de Cornetas y Tambores «Ntra. Sra. de los Dolores del Rosario» de Baeza.
Tras él, Nuestra Señora de la Consolación (Mario Castellano, 2008) procesionó con elegancia bajo el mando de sus 30 costaleros, arropada por los sones de la Asociación Cultural y Musical «Maestro Alfredo Martos». Como es tradición, la Banda Salesiana Santísimo Cristo de la Buena Muerte abrió paso como Banda de Cabecera, marcando el pulso del Miércoles Santo desde el inicio.
La jornada dejó detalles para el recuerdo, especialmente en el apartado patrimonial. La cofradía lució por primera vez las 6 cartelas en plata y 4 fanales del paso de Misterio, además de 14 nuevas piezas de candelería y ricas telas bordadas en las bambalinas y la saya de la Virgen. Un cambio pequeño pero cargado de simbolismo fue el uso del cíngulo de cinco nudos, que recordó a los presentes los estigmas de Cristo en manos, pies y costado.
La cofradía cumplió con rigor los tiempos marcados en un itinerario que dejó estampas de gran recogimiento. Este año el acto estudiantil se realizó previamente y a la salida de la procesión se impuso la rosa y el libro en el paso del Señor. La Banda de Cabecera de la Hermandad acompañó durante todo el recorrido para abrir el cortejo.