
La mañana del Domingo de Ramos amaneció en Linares con ese aire especial que anuncia lo extraordinario, aunque un poco más frío de lo que hubiera gustado, lo que hizo ver a aparecer . A las 09:45, puntual, la Hermandad de la Borriquilla abría sus puertas y echaba a andar desde la parroquia de San José Obrero. Era el inicio de un recorrido que, más que un itinerario, parecía un relato vivo de fe, tradición y memoria.
Apenas cinco minutos después, el cortejo avanzaba por Áurea Galindo. El murmullo del público comenzaba a crecer mientras el paso de Nuestro Señor Jesucristo Divino Maestro en su Entrada Triunfal en Jerusalén se abría paso entre palmas y miradas emocionadas. Acompañado por los sones de la Banda de Cornetas y Tambores “Nuestra Señora del Rosario” de Linares, el misterio evocaba con solemnidad y cercanía la escena evangélica.
A las 10:00, en Los Francos, el barrio ya era testigo del fervor que caracteriza este día. Más adelante, en la Plaza del Ayuntamiento a las 10:45, el corazón de la ciudad latía al ritmo de la cofradía. Allí, la escena adquiría un carácter casi simbólico: tradición y presente abrazándose en un mismo instante.
El paso de palio de María Santísima de la Alegría, acompañado por la Asociación Cultural y Musical “Maestro Alfredo Martos”, aportaba dulzura y equilibrio al cortejo. Sus varales, algunos de estreno, brillaban bajo la luz de la mañana, mientras la mirada serena de la Virgen parecía acompañar a cada espectador.
El recorrido continuó por calles emblemáticas: Carnicería, Campanario, Huarte de San Juan… A cada tramo, una historia distinta; a cada esquina, una emoción nueva. A las 11:35, en Teniente Ochoa, el público se arremolinaba buscando el mejor lugar, consciente de que cada instante era irrepetible.
SALIDA DESDE LA PARROQUIA DE SAN JOSÉ

























