Hablemos de Lolo y su hermana: Lucy, manos de Lolo

Lucy y Lolo

Hablemos de Lolo y Lucy.- 2. Lucy, manos de Lolo

 

Como hemos dicho en otro artículo, con relación a la que lo fue entre el Beato Lolo, entonces sólo Lolo, y Lucy, su hermana, dejó escrito en el primer libro que publicó nuestro hermano Manuel, a la sazón “El sillón de ruedas”, en su dedicatoria, esto que sigue:

“A tus manos, las palmas dulces, que reeditan en las fibras anquilosadas el milagro de la resurrección de la carne.”

Muchas veces no hace falta tener la imaginación a punto para poder escribir sobre determinado tema. Y este es el caso porque Lolo, como se podría decir, te lo pone todo en bandeja, todo lo ha dicho y lo dice con tales palabras. Y es que, a veces, los escritos se escriben solos. Y este es el caso.

Como bien sabemos, Lolo empezó a perder la movilidad en sus extremidades enseguida que comenzó a manifestársele su enfermedad. Por eso era de esperar que sus manos, aquellos que utilizaba para hacer el bien y, sobre todo, para escribir, acabarán padeciendo aquello que le pasaba y, poco a poco, dejó de utilizarlas porque, sencillamente, no podía. Sí es cierto que hasta eso hizo todo lo posible e imposible para escribir a mano pero, con el tiempo, eso no fue posible. Y entonces, allí estaba su hermana-madre Lucy, para echarle una mano, nunca mejor dicho.

Como decimos, sólo hace falta seguir lo que nos dice Lolo para darnos cuenta de la importancia que, también en eso, en tal labor, tenía para Manuel, su hermana Lucy.

Que Lolo le dedique el libro a las manos de ella supone, primero, que eran muy importantes para él y, luego, que sin ellas no habría podido desenvolverse fácilmente.

Si, a este respecto, hablamos de la vida, digamos, “ordinaria” de Lolo (levantarse, asearse, comer, lavarse, acostarse…) no podemos negar que las manos de Lucy fueron una ayuda más que importante porque eran todo para él y jamás, que se sepa, puso pega alguna a hacerlo todo por Lolo. Es más, era su gozo.

De todas formas, nosotros pensamos que, tratándose de un libro de lo que escribe Lolo, no podemos negar también es posible que se refiere al auxilio de las manos de Lucy a la hora de tratar todo aquello que estaba relacionado con escribir, con el material del que debía valerse el linarense universal para fijar por escrito sus pensamientos o, en fin, en llevar al papel aquello que quería llevar al papel.

Bien habla Lolo de las “fibras anquilosadas” porque las suyas lo estaban y mucho que lo estaban. Por eso admira tanto que las manos de Lucy hagan de las suyas para llevar cabo la labor propia de quien escribe (y de lo demás que hemos dicho arriba), de quien maneja papeles que le son necesarios como fuentes mediatas de conocimiento. Y eso lo relaciona, nada más y nada menos, que con el “milagro de la resurrección de la carne” porque, en efecto, lo mismo que Cristo (entiéndase esto, por favor) volvió a la vida para salvarnos, las manos de Lucy vuelven a la vida a las de Lolo y, haciéndolo muchas veces, reeditan, vuelven a hacer efectivo, tal milagro.

Y, para mayor abundancia, continuará…

Eleuterio Fernández Guzmán